El camino de los objetos


When reproducing, using, or extracting this text, always reference the source and the author : Ignacio Rondini

De alguna manera he caído en la moda de los discos en vinilo, desde hace quizás un año. En ese momento, adquirimos un tocadiscos y desde entonces he comprado algunos discos en ferias o tiendas de segunda mano.

Creo que su materialidad les hace tener un valor que hemos empezado a redescubrir. Hay varios ejes que explican, de cierta forma, mi gusto por ellos. En una época en la cual nos han ido despojando de la materialidad de muchas cosas: música, películas, libros y de la posibilidad de decir que aquí poseo, en un instante, una canción o una película; el hecho de poder contar con algo localmente y no en la nube, es una idea que creo que seduce a muchas personas.

Con la llegada y la masificación del streaming, ya sea de películas, música, juegos e incluso software, hemos pasado, de cierta manera, de un acto de compra a un acto de arriendo. No somos nunca dueños o dueñas de nuestros objetos digitales. Porque si nos quitan el acceso a esa plataforma, ya sea porque no pagamos o por alguna otra razón, entonces perdemos acceso a ese contenido, a pesar de haber pagado por él durante un tiempo. Al contrario, siento que si tengo mi música en un mp3, como a principio de los años 2000, o una película en un dvd, puedo seguir disfrutando de ese contenido indefinidamente. Lo que quizás no es completamente cierto, pero para darse cuenta del alcance, basta con comparar la posibilidad de mirar un antiguo VHS respecto a la cantidad de sitios y contenido online de hace 20 años atrás. Si bien el primero aún necesito tener un lector VHS, o alguien que pueda digitalisarlo, en el segundo caso, si los servidores fueron cortados o destruidos, la empresa que los mantenía quebró o la persona que lo mantenía dejó de hacerlo, ese contenido simplemente desaparece.

Además, gracias a la materialidad, puedo hacer algo que quizás se vea radical. Puedo prestar mi contenido otra persona. Físicamente y sin intermediarios. Es importante recalcar acá, que no estoy diciendo que lo digital no tenga materialidad. La nube no es un lugar étéreo, son simplemente un conjunto de computadores, servidores y redes que le pertenecen a otra entidad. La materialidad de una posesión física, como un DVD, respecto a, por ejemplo, una canción que consumimos en streaming, en este contexto, viene más del hecho de que físicamente, localmente, a mi alcance, tengo acceso a ese objeto, mientras que la canción se encuentra ajena a mí, no está contenida en un soporte que puedo poseer.

Volviendo a los discos, estos son grandes, más incómodos de usar. Y esa fricción creo que es más bien algo positivo, nos fuerza a una escucha consciente, a elegir escuchar. También está el hecho de que no se pueda cambiar de canción fácilmente ni poner en pausa. Lo que significa que hay que instalarnos a escuchar por lo menos una media hora, o una hora si escuchamos cada lado, a sumergirnos dentro de la música y disfrutar de un álbum como una unidad de escucha.

Con los servicios de streaming, el formato unitario se transforma en una canción, que además cada vez se aplica métodos homogéneos de captura de atención para que no la cambiemos (patrones de inicio reconocibles y fuertes, reducción al mínimo de la introducción musical para directamente escuchar las voces, uso de hooks/ganchos, etc.) Un disco permite volver a escuchar una obra en su totalidad de manera coherente. Y creo que pasaba algo parecido con los CDs, algo aunque por alguna razón me fascinan menos. Quizás tenga que ver con el hecho de que los conocí, los usé. Fui a una tienda de discos a buscar, descubrir y comprar. No así con los discos de vinilo. Y eso hace, quizás, que en mi mente sea un poco más exótico, que tenga una melancolía de lo que no conocí. Aunque también está el hecho de que en un cd se puede cambiar de canción y se pueda poner en pausa. Si algo no nos gusta, la podemos adelantar. Esto no pasa con un vinilo. Hay que escucharlo, o dejar de hacerlo completamente.

Además que, por el hecho de ser más grande, se puede apreciar mejor el arte que está incluido en él. Creo que por tener más espacio, tener mayor presencia y exigir un espacio mayor, influye en la experiencia.

Por otro lado, está el aspecto histórico. Cuando coloco el disco y que la aguja empieza a tocar, me proyecto en ese instante de no existencia, de desconocimiento. Ese momento antes de que esa canción, ese álbum, fuese publicado. Me imagino ¿a cuántas personas ese disco cambió la vida la primera vez que lo escucharon? Me proyecto en ese infinito instante en que esa música no se conocía y vuelvo a redescubrir ciertos temas.

Y ese disco que alguna vez fue tocado, fue leído por primera vez, llega hasta mí hasta ese instante. Y ahora soy yo quien lo escucha por primera vez, y el disco vuelve a cumplir ese rol de revelación en el espacio físico.

Supongo que ese es el valor de la historia. Con todo lo que perdura, que sobrevive a los años: arte, esculturas, pinturas, muebles, libros, recuerdos e ideas. Porque lo que estoy escuchando fue lo mismo que la gente escuchó hace 50 años.

No sé si los busco por el objeto en sí o por la experiencia que pueda descubrir. Pero de todas maneras, la vida sigue su rumbo. Y si ya mañana no hay más streaming, al menos podré escuchar algo.